Mamá quiero ser bruja

– ¡ Mamá esta noche quiero convertirme en una bruja! 

– No te asustes, déjame explicarte.

Me encantaría convertirme en una  bruja, pero no una bruja como las que pintan en los cuentos, con un largo sombrero de pico, una gran nariz con su verruga, uñas largas, piel verdusca, cabello electrocutado, y risa malévola, que como única compañía tiene un gato negro, y  viaja en escoba.

No quiero ser una bruja de esas, mamá, no te preocupes.

Aunque he de confesar  que me atrae la posibilidad de viajar en escoba, pues es un medio de transporte muy ecológico, además estoy segura de que el carril escoba estará menos saturado por el tráfico loco de la ciudad.

Pero no son a esas brujas a las que me gustaría parecerme, me gustaría ser una bruja de las de verdad, de esas que la inquisición perseguía y sentenciaba a la hoguera.

Mujeres que tenían una gran sabiduría milenaria, transmitida de generación en generación, con grandes conocimientos de la madre tierra, y de los ciclos de la vida.

Mujeres, porque desconozco si hubo algún caso de hombre condenado por brujo, pero la inmensa mayoría fueron mujeres.

Mujeres sabias, empoderadas e importantes para su comunidad, por ello  la inquisición las temía y perseguía.

 

Mujeres como las celtas que practicaban ritos paganos de adoración y gratitud a la naturaleza, en los solsticios de invierno y de verano, que podían predecir desastres naturales, sanar enfermedades con ungüentos y brebajes, hacer de matronas, y un sin fin de dones más.

Todo ello era posible gracias a una profunda y milenaria comprensión  de la naturaleza.

Acusadas por ello de brujas, hechiceras, novias del diablo, sometidas a crueles torturas para conseguir su confesión, para una vez juzgadas como brujas ser quemadas en la hoguera, lenta y dolorosamente.

Una de las pruebas a las que eran sometidas para confirmar si eran brujas o no, era atarlas y llenarlas los bolsos con piedras, después las arrojaban a un lago, si se hundían, eran inocentes, si sobrevivían, eran brujas y se las condenaba a la hoguera, sea como fuere su destino era la muerte.

¿Por qué en la hoguera y no en la orca? Porque la hoguera produce una muerte más cruel y dolorosa, que estipulaban serviría para amedrentar a las demás mujeres, en especial a las más jóvenes, de su iniciación en el conocimiento de la madre tierra.

En la época actual vivimos desconectados de la madre naturaleza, miles de personas habitan sus cuerpos sin entenderlos, los alimentan sin nutrirlos, ignorando y despreciando mucha de la cultura popular, subestimando el poder de la naturaleza, viviendo los ciclos de la vida sin ni siquiera ser conscientes de ellos, alienados, con conocimientos varios pero ignorando la verdadera sabiduría.

La caza de brujas  interrumpió la transmisión de este conocimiento ancestral que se transmitía de generación en generación,y a través del miedo desempoderó a la mujer.

Por ello esta noche de brujas, me gustaría sentirme más bruja que nunca.

¡ MAMÁ QUIERO SER BRUJA!

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